| Prólogo de la Novela de El Poder de la Fuerza II (The Force Unleashed II) |
| 26 octubre 2010
PRÓLOGO: CATO NEIMOIDIA JUNO ECLIPSE estaba de pie con sus manos en la espalda y apartando su vista de Cato Neimoidia. Desde el puente del Salvation, resplandecía con un verde brillante el mundo densamente arbolado contrastando con el negro del espacio, y ella estaba ensimismada en sus pensamientos, pensando en otros mundos con ecosistemas forestales que había visitado durante su carrera como una piloto Imperial. Callos fue el primero. Ahí ella había obedecido órdenes que dieron como resultado la muerte de la biósfera del planeta completo. Felucia fue el siguiente, y ese mundo, también, se dejó envenenado en su estela. Kashyyyk, el último y más difícil de recordar, no había sido dañado en absoluto. De hecho, las posibilidades de que sus bosques continuaran sobreviviendo habían comenzado a mejorar repentinamente, después de la destrucción de la lanzadera espacial que había amenazado con esclavizar hasta el último Wookiee y asegurarse de que el planeta continuara siendo parte del Imperio para siempre. La resolución tomada en las ruinas de un refugio en la jungla, donde un puñado de gente había jurado rebelarse en contra del Imperio y liberar a los trillones de personas atormentadas de la galaxia, obligaba a prestar ayuda también. Si había suerte, los bosques de Kashyyyk sobrevivirían, pero Juno recordaba asombrada cómo, posiblemente ella misma, también lograría sobrevivir. La pena que sentía había sido tan grande, el sentimiento de la pérdida demasiado intenso. Cualquier cosa viviente le recordaba a la parte dentro de ella que había despertado inesperadamente y que después murió repentinamente. Su corazón golpeaba con una pesadez que no había estado ahí antes, ni siquiera cuando fue capturada durante meses en el Empirical, esperando ser ejecutada en cualquier momento. Muchas veces caminaba en la noche, sintiendo aún los labios de él contra los suyos. Ellos se habían besado sólo una vez, pero la memoria de aquella ocasión ardía en su mente. Él había muerto, y ella continuaba viva. Había tomado un año para que ella finalmente sintiera que lo había superado. ¿Por qué entonces había dejado que un grupo de árboles la molestaran ahora? Se dijo a sí misma que los mantuviera juntos. Juno Eclipse tenía cosas más importantes de que preocuparse. “Disculpe Capitán”, dijo una voz a la altura de su codo. “Nuestros droides sonda están detectando un disturbio en la atmósfera en los alrededores del objetivo”. Ella apartó su mirada del paisaje para dirigirse a su Bothan segundo al mando. “¿Qué tipo de disturbio, Nitram?” “Explosiones”. “Muéstrame”. La pantalla circular en el centro del puente se enfocaba en la ciudad más cercana a la fortaleza Imperial. Pantallas secundarias enfocaban imágenes infrarrojas transportadas por transmisiones demasiado encriptadas de los droides en tierra. El puente de la ciudad colgaba como una inmensa hamaca urbana de su sobre arqueada aguja de piedra. Varios cables gruesos de soporte estaban al rojo vivo. En realidad uno estaba ardiendo. “A mí me parece que no se trata más que de una insurrección local”, dijo ella. “Si esto mantiene al Barón Tarko lejos de nosotros, mucho mejor”. “Oh, sí señora”. Nitram aclaró su garganta. Juno estudió su larga cara. “Habla claro. Es una orden”. “Bueno, hubo algunas lecturas de fuego inusuales antes de las explosiones. Usted puede verlas aquí, y ahí”. Señaló una imagen grabada duna hora antes. “Parecía como el escape de una nave”. “¿Entonces dónde está la nave? No la puedo ver”. “Ese es exactamente mi punto, señora”. Él miró alrededor del puente, después se inclinó hacia ella para susurrarle, “Creo que puede tratarse del General Kota”. Juno no sabía si estar molesta o divertida. Para ser un joven oficial Nitram era bueno: había, de hecho, descubierto la verdad de su misión con una rapidez admirable e inconveniente. Afortunadamente, Juno había aprendido rápido sobre sus maestros Imperiales a mantener cada emoción bien oculta. “Has estado escuchando demasiadas historias, Nitram”, le dijo, limpiando las pantallas secundarias incriminatorias. “Donde sea que esté Kota, no está aquí con nosotros”. Esa era una mentira, por supuesto: Ella reconocería la firma de la Rogue Shadow en cualquier lugar, aún cuando estuviera completamente encubierta. “Sí señora”. Nitram no tenía más opción que aceptar que esa era la verdad. Ella era, después de todo, su oficial superior. Pero no tenía que ser el final de esto. “Suena la alarma. Quiero doce naves caza bombardeando esa ciudad en los próximos cinco minutos. Tomemos la oportunidad de golpearlos mientras el Barón está ocupado”. Nitram la saludó. “Sí señora”. Él giró con brío sobre una rueda y dio varias órdenes. Juno volteó hacia la ventana, escondiendo una sonrisa. La fragata Salvation EF76 Nebulon-B era una parte valuable de la creciente marina Alliance, y ella no tenía intención de poner a su inexperta tribulación en serio peligro. Pero se trataba solamente de una distracción, se decía a ella misma, y que mejor manera de aprender que en donde está la acción del combate? Estaba segura, de cualquier forma, de que el infame Barón Tarko muy pronto tendría más de que preocuparse que de los personajes verdes de ella. Las sirenas gemían a través de la nave. Los pies tronaban en los mamparos. Con una cadena de ruidos a la distancia, una docena de Y-wings se lanzaban y bambaleaban ligeramente contra la plataforma, agrupados en dos formaciones de seis naves lanzándose en la atmósfera. “Sácanos de aquí,” le dijo Juno a Nitram. “No hay ningún punto para esconderse por ahora”. Los siete motores de iones del Salvation rugían tomando vida, empujándose desde sus reductos detrás de la más pequeña luna del sistema planetario. El generador del escudo deflector corría a toda su capacidad, listo para responder de manera inmediata. Las instalaciones del Barón Tarko en la tierra no estaban muy reforzadas. Consistían de una planta de procesamiento de esclavos con numerosos edificios auxiliares, incluidos los cuarteles, baterías láser y plataformas de lanzamiento de TIE fighters, todas suspendidas en el puente de la ciudad sobre un enorme agujero. Una corriente constante de buques de carga llegaron y se fueron del mundo, redistribuyendo a los prisioneros mal habidos del Imperio. La información hizo muy claro que los sobornos del Barón crecieron desde los funcionarios con mayor rango del Imperio entusiastas de obtener las mejores “reservas”, al mismo tiempo que vendían los excedentes a los Hutts y otros criminales. Nadie sabía exactamente lo que él hizo con su riqueza. Pero todos lo podían adivinar al ver el sufrimiento del que él era responsable. Si alguien le pusiera un alto a su régimen brutal, le estaría haciendo un favor a la galaxia entera. Sin embargo, ese no era el trabajo del Salvation. Las órdenes de Juno eran estrictas: Provoca a las defensas del Barón y ve qué tan fuertes son; agita a tu joven tripulación en batallas vivaces; y bajo ninguna circunstancia pongas en peligro la integridad de la nave. La línea oficial a seguir era que los recursos eran más valiosos para la Rebelión que pequeñas victorias, por lo menos hasta el momento. Cuando la flota fuera lo suficientemente grande y las líneas de soporte más seguras, en ese momento la lucha podría comenzar en serio. Aunque no todo el mundo estaba de acuerdo con la línea oficial. Algunos pensaban que la lucha ya había comenzado y podía ser buscada por una fuerza pequeña tan fácilmente como por una grande y por lo tanto defendible. Elimina el objetivo correcto, decían los negativistas, y los sistemas de estrellas podrán ser afectados. Como las olas que se extienden a través de una superficie de la laguna en la gota de una simple piedra, cada instalación del Imperio y proceso que se base en el trabajo de los esclavos puede aminorarse gracias a un ataque exitoso en Cato Neimoidia. Juno había escuchado el argumento miles de veces. Ella sabía exactamente la gran diferencia que podía hacer una sola persona. La recientemente formada Alianza Rebelde no existiría en absoluto, probablemente, si no fuera por él. Ella sacudió su cabeza, molesta por haberse dejado distraer nuevamente. Kota la necesitaba. No le fallaría. Las noticias de la presencia de la fragata se divulgaron rápidamente a través de los buques de carga que orbitaban el planeta. Muchos desaparecieron en el hiperespacio, llevando a sus esclavos con ellos. Otros atravesaron la órbita y comenzaron a descender. Sus naves caza se agitaron entre ellos, incrementando el caos. Puntos rojos en la pantalla mostraron el lanzamiento de un escuadrón de defensa TIE: diez naves, exactamente como lo esperaban. Las baterías láser giraron para seguir al escuadrón Rebelde. Ella afinó su oído para escuchar la charla del piloto estelar en el mismo momento en que monitoreaba el manejo de la tripulación por Nitram. “Mira esa torre, Seis Verde”. “En tu cola, Cuatro Azul”. “Arma los turbo lásers. Dirige esas baterías”. “Mantenlas juntas, Dos Verde. ¡Mantenlas juntas!” “Fuego a discreción”. El Salvation se sacudió mientras sus poderosos lásers desencadenaban su energía mortífera en el planeta. Juno sintió una ráfaga de orgullo cauto. Su gente estaba nerviosa, excitada, y ocasionalmente asustada, tal y como era de esperarse. Cato Neimoidia podría ser un puesto, pero estaba fundamentalmente conectada al Imperio como un todo. Permanecer por demasiado tiempo y el peso completo del enemigo podría llegar a caer sobre ellos. Todos entendían que tenían que entrar y salir rápidamente, o de lo contrario nunca saldrían. Los turbo lásers fallaron, pero alguien no lo hizo. Los lásers de la base en tierra estallaron en millones de piezas, destruidos por un fuego desconocido. Juno dio gracias en silencio a Kota y su milicia invisible, y se preparó para el ansioso anuncio de Nitram de que su teoría se había confirmado. En efecto, Kota estaba activo en la galaxia, golpeando fuerte y rápido en contra de las órdenes expresas de los líderes de la Alianza. Ellos no podrían detenerlo, y tenían muchas razones para estar agradecidos por sus actividades. El Barón Tarko pronto se arrepentiría de haber llamado su atención. En lugar de regodearse, Nitram dijo en tono preocupado “¡Lanzaron diez TIEs más!” “Eso no puede estar bien,” dijo Juno, acercándose para confirmar la información. Desafortunadamente, todo estaba correcto; la información obtenida por Inteligencia sobre la magnitud de las naves caza era errónea. Peor aún, los cazas TIE venían hacia ellos. “Lancen todas las Y-wings restantes. Y pongan a alguien más en el control del turbo láser. Quiero el techo de los cuarteles en flamas en los siguientes dos minutos, si es necesario bajaré ahí y apretaré el botón yo misma”. “¡Sí señora!” El nivel de energía de la tripulación se elevó drásticamente. No había tiempo para los nervios o la duda. Intel se esparcía a través de la nave como un gas invisible. Dentro de unos momentos, ellos estarían bajo ataque, y todos se preocupaban por las desventajas estratégicas de la fragata. Estaba bien armada y escudada para una nave de su tamaño, pero la estrecha sección que conectaba los cuartos de ingeniería y tripulación podía ser dañada por el fuego enemigo concentrado. Si eso sucediera, la atmósfera entraría en ráfaga inmediatamente, matando a todos los de abordo. Los turbo lásers dispararon otra vez. Los objetivos en tierra estallaron en brillantes bolas de fuego. Juno alcanzó a vislumbrar como se envolvía el Rogue Shadow escondiéndose y entrelazándose entre los cazas TIE de abajo. Parecía como si el general estuviera tratando de encontrar un lugar para aterrizar. Una vez que él y sus comandos estuvieran en tierra, la nave podría retirarse automáticamente a una ubicación segura y esperar por una señal para recogerlos cuando la misión hubiera terminado. Juno no había volado el Rogue Shadow desde los eventos en la Estrella de la Muerte, pero ella conocía sus especificaciones a la perfección. De hecho, las conocía mucho mejor que las especificaciones del Salvation. Aquí estaba ella, solamente como la comandante. En el Rogue Shadow ella había sido capitán y tripulación. Existía una diferencia importante. Cazas estelares Rebeldes e Imperiales se aglomeraron en el vacío entre la fragata y el planeta. Armas de energía destellaban y rebotaban. Las pantallas estaban llenas de luces. Ella deseaba poder estar afuera con los pilotos, respirando el aire acre de la cabina de mando, con el pulgar cada vez más cansado sobre el botón de disparos. Su corazón golpeaba cada vez más fuerte por ellos, hasta que se recordaba a sí misma sus nuevos deberes. La guerra era mucho más simple en un caza, pero no era mejor. La imagen más grande era lo que realmente importaba. Ganar la guerra, no la batalla. En ese sentido, ella sentía un poco de simpatía por aquellos que se oponían a la manera de pensar de Kota. Atacar demasiado fuerte, demasiado rápido era un camino seguro para ser rodeado y eliminado. Un grado de precaución nunca te haría perder. Ese era el por qué ella lo ayudaba a él a escondidas, para mantenerlo controlado así como cuidando su retaguardia. Alguien necesitaba estar seguro de que él no se ausentaría sin permiso como lo había hecho antes. La Rebelión lo necesitaba. Pensar en las desventajas de la campaña de Kota la hizo fruncir el ceño. ¿Qué le estaba tomando tanto tiempo? El Rogue Shadow debería estar en camino desde hace siglos. “Nitram, concentra el fuego en esos emplazamientos de cañones ahí y allá”. Ella indicó dos ubicaciones cercanas a los cuarteles. El fuego que llegaba de ambos cuarteles era mucho más grande que lo que había indicado inteligencia. Quizás ese era el problema. “Sí señora”. Las naves cazas rebeldes cambiaron su curso para atacar los objetivos. El intercambio de fuego de las armas se intensificó. Juno entrecerró los ojos viendo los datos, preocupada ante las inconsistencias entre la información reunida de las fuentes Imperiales y lo que se ponía en evidencia ante ella. Envía los droides sonda más cerca de los cuarteles. Algo no me parece correcto”. Finalmente las fuerzas equilibradas competían por mantener la posición tanto en tierra como en el espacio mientras ella recibía la información a cuenta gotas. Desde la distancia, la instalación Imperial se veía perfectamente normal. Poseía un puerto espacial, generadores de escudos, seguridad compleja, y etc. etc., lo mismo como si se tratase de un mundo ocupado. Pero estaba mucho mejor defendida que muchas otras, y el puerto espacial estaba lleno. ¿Por qué aterrizaron tantas naves en territorio comercial cuando había mucho espacio sobre el complejo de esclavos? Más importante, ¿por qué los registros Imperiales sobre Cato Neimoidia eran tan diferentes de los que estaban en realidad aquí? Había muy poco que decir de la información, por eso ella puso su atención en el espacio alrededor de ellos. No había señales de refuerzos Imperiales. “¿Por qué no había llamado todavía el Barón pidiendo ayuda?” le preguntó a Nitram. “No lo sé señora. Hemos estado monitoreando las señales muy de cerca”. Ella se frotó la barbilla y pensó detenidamente. Era solamente cuestión de tiempo antes de que la flota Imperial se presentara, ya fuera que el Barón Tarko la llamara o no. Todo lo que se necesitaba era que un caza escapara para sonar la alarma y el pie del Emperador descendería para aplastar a los Rebeldes. Realmente, con las fuerzas ajustadas acompasadamente y Kota arrastrando sus talones, ella ya habría ordenado la retirada antes que poner en riesgo el Salvation. “Dame el comunicador” dijo ella. “No escuches”. Nitram se tapó los oídos. “Lo que usted diga señora”. Ella seleccionó un canal de poco uso, “Blackout a Blackguard. Responda por favor”. La línea crujió por un momento, y después la voz áspera de Kota se escuchó. “No tengo tiempo de hablar”. “Mala suerte. Esto está llevando demasiado tiempo. Necesitas salir”. “Negativo, Blackout. Vete si quieres. Yo me quedo a terminar el trabajo”. Ella ignoró el reproche insinuante en sus palabras. “¿Cómo? Nunca podrás estar lo suficientemente cerca de los cuarteles para atrapar al Barón Tarko. Está muy bien defendido”. “No son cuarteles”, dijo él. “¿Entonces, que son”? “No lo sé, pero no serán nada en el momento en que yo...” La señal de Kota desapareció con la estática al mismo tiempo que se veía un resplandor brillante de luz desde abajo. Dos de los droides sondase apagaron. La señal de calor del Rogue Shadow desapareció dentro de una bola de fuego que se expandía. Alguien había derrumbado algo grande en Cato Neimoidia, llevándose varias naves caza Rebeldes e Imperiales al mismo tiempo. El fuego barrió con los muros del complejo Imperial, haciéndolos brillar con un rojo brillante. El crujido en el comunicador se intensificó. “Responde, Blackguard. Es Blackout. ¿Necesitas ayuda allá abajo Blackguard?” Nada. Juno lo intentó de nuevo, forzándose a ella misma a hablar calmadamente. Nitram estaba mirando. “Blackguard a Blackout. ¡Responda inmediatamente!” Nada. El puente estaba en silencio. Ella permaneció en su sitio congelada, con una pregunta haciendo eco en su mente: ¿Que estaría haciendo ahora el hombre que había amado? Ella sabía la respuesta. Él haría cualquier cosa que estuviera en su poder para rescatar a su amigo y Maestro Jedi. Él lucharía con cada gota de energía en su cuerpo. Él no dejaría que nada permaneciera de pie en su lugar. Pero ella no era él. Ella no tenía sus poderes y ella tenía responsabilidades que él no tenía que considerar nunca. Además, él estaba muerto, y ahora no había ninguna señal de Kota tampoco. ¿Qué se suponía que tenía que hacer, rescatar a un fantasma? Si ella supiera cómo hacerlo, lo habría hecho un año atrás. Sonó una alarma. El puente cobró vida delante de ella. “Tenemos compañía”, dijo Nitram, echando una mirada rápida a través de la pantalla. “Dos fragatas, un crucero y, sí, un Destructor Imperial. Puede ser el Adjudicator. ¿Está lanzando cazas. Capitán?” Todos en el puente la miraban. “Llama a nuestros pilotos”, dijo ella en un claro y moderado tono de voz, a sabiendas de que su mano estaba siendo forzada. Solamente existe una decisión responsable que se abría ante ella. “Trae a todos abordo, después sácanos de aquí, rápido”. “Ahora mismo señora”. Juno se alejó de la pantalla para permitir a los oficiales seguir haciendo su trabajo. Pequeños puntos se reunían en el Salvation mientras las naves caza detenían sus misiones ante el enemigo y corrían por un refugio seguro. Ella contó 18, lo cual significaba que seis pilotos no volverían a su hogar. ¿A cambio de qué? Otra vez, la respuesta se colocó ante ella. Su tripulación funcionaba perfectamente bien, y ellos sabían a través de una difícil experiencia que Cato Neimoidia, había sido mucho mejor defendida de lo que ellos esperaban. El Salvation había picado al Imperio y forzado a responder. Alguien, en algún lugar, estaría agradecido por la ausencia inesperada del Adjudicator de sus cielos. Pero ¿dónde la dejaba esto a ella? “Llévanos por el camino más largo al lugar de encuentro”, le dijo a Nitram. “No queremos que nadie nos siga”. “Sí señora”. Nitram no cuestionó su orden, aun cuando la razón que ella le dio no tenía sentido. La verdad era que ella necesitaba tiempo para pensar. Kota se había ido. ¿Cómo le iba a explicar eso al líder de la Alianza? Adiós viejo amigo, ella pensó. ¿Qué tipo de desorden me has dejado en este tiempo? “Cálculos completados”, dijo Nitram. “El hyperimpulsor está listo”, ella respondió automáticamente. Los escudos estaban dando un fuerte martilleo, haciendo que el piso se balanceara a sus pies. Solamente dos naves caza permanecían afuera. Cuando estuvieron abordo, ella dio la orden. “Salta”. El Salvation se adentró a toda prisa al hiperespacio, dejando el mundo enfermizo, condenado, sus misterios y sus fantasmas, lejanamente atrás. Fuente: starwars.com Traducción de Rocío García Lagunas |