-Bienvenidos
a Coruscant- eso era lo que nos decía el capitán
de la nave, al fin habíamos llegado pensé. Solo
atinaba a voltear a ver a la ventana, observaba los enormes
edificios que eran majestuosos rascacielos que iluminados
por la oscuridad del planeta en la noche, lograban ser un
espectáculo majestuoso a mis ojos. Se veía sin
duda una gran actividad en la Ciudad-Planeta, el constante
tráfico era también un espectáculo. No
les miento, la emoción me estaba ganando, pero tuve
de nuevo que recordar las palabras de mi sabio Maestro. La
nave estaba aterrizando sobre una de las plataformas iluminadas.
-Levántate Ki’Ke, ya hemos llegado- me pidió
Luas-Mun
Obediente
como siempre me levanté y junto con Sorjoaca y demás
pasajeros bajamos de la nave
-¡Maestro
Luas-Mun! ¡Bienvenido sea a Coruscant una vez más!-
gritaba con emoción un hombre más joven que
mi Maestro. Estaba bien vestido y estaba acompañado
por unos dos guardias que le cuidaban, al parecer era alguien
importante.
-Kahl
Sec, te presento a mi joven Padawan Ki’Ke y a mi acompañante
Sorjoaca- le decía a éste sujeto a manera de
presentación.
-Bienvenidos
ustedes también. Mi nombre es Kahl Sec y soy un viejo
amigo de Luas-Mun. Espero que su estadía en Coruscant
sea de lo mejor.- contestaba Kahl y siguió –
Pero bueno, creo que tenemos algo importante que hacer y no
les haré perder mas el tiempo. Síganme, los
llevaré con mi hermano, tiene muchas ganas de verte
Luas-Mun.-
El
edificio en el que entrábamos era grande, no de los
más grandes de Coruscant, pero era una construcción
de igual manera majestuosa. Se veía también
que el movimiento dentro del edificio no era ajeno al de todo
Coruscant, ya que todo mundo caminaba rápido y platicaba
sobre asuntos con papeles en mano. Una oficina más
pensé yo. Kahl nos fue llevando entre el edificio,
tomamos un elevador y en la parte más alta del edificio
nos detuvimos.
-¿Un
Sith? -Bueno es hora de entrar, no puedo quedarme con ustedes
porque tengo una agenda bastante ocupada Luas-Mun, no tardará
en llegar mi hermano.- se disculpaba Kahl. Así mi Maestro
mostrando que no había problema alguno, entró
junto conmigo y Sorjoaca al enorme sala de espera. Podía
observar varios cuadros en la sala, muchas pinturas que para
mí eran obras sin sentido, de pronto me llamó
la atención una. En ésta había 3 Jedi’s
que posaban frente a un majestuoso castillo en medio de la
nieve. No era un castillo ordinario, era un castillo grotesco,
negro y oscuro. Pero me volví a detener en los Jedi,
uno de ellos me parecía conocido...
-¡Hola
Luas-Mun! Qué gusto tenerlos de nueva cuenta por acá.-
contestó un hombre de la misma edad que mi Maestro.
–O pero si veo que tienen a un nuevo acompañante-
-Así
es Koggi, te presento a Sorjoaca, y a Ki’Ke ya lo pudiste
conocer allá en la Tierra- contestó mi Maestro.
-¿Koggi?-
pregunté intrigado. ¿Qué no era Koggi
el pequeño Ewok con el que hablamos? Me pregunté
a mí mismo.
Sonriendo
junto con Luas-Mun me dijo – Así es Ki’Ke,
pero recuerda que aquella vez te dije que no te guiaras por
lo que vieras. Además tu bien sabes que los Ewoks no
pueden articular palabras. Son como los Wookies, ¿o
miento Sorjoaca?-
-Wroawrrr...-
contestó nuestro amigo.
-Koggi
tiene sus trucos Ki’Ke, pero bueno, ya habrá
tiempo de explicarlos.- me dijo mi Maestro..
-Así
es Luas-Mun, vengan, pasen a mi oficina. Y ahí sirve
que les explico con libertad los detalles de lo que sucede.
Así como el por qué de no habérselos
dicho en la Tierra y bajo mi verdadera identidad física.
¿El Wookie va a entrar también?- terminó
preguntando Koggi.
-Sí,
el conoce algo de lo sucedido y será muy útil.-
contestó mi Maestro.
-OK,
recuerda cómo son de delicados éstos casos.
Entren ya- y abriendo la puerta nos hizo pasar. Seguía
confundido sobre varias cosas, pero las preguntas como me
había mostrado Luas-Mun, no son mas que molestas cargas
que debemos eliminar.
Continuará...
Por Jedi Padawan Ki’Ke.
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