Cada
vez el edificio se alejaba más de nosotros, íbamos
caminando con calma pero ambos muy atentos. La calle por la
que caminábamos era ancha, sin embargo la altura de
los edificios que la protegían la volvían estrecha.
Ese era el sentimiento que lograba percibir de aquella oscura
calle.
-Es
curioso, de chico siempre me imaginé a Coruscant como
una ciudad llena de luz, vida y justicia. Ahora con lo poco
que se de ti y caminando por la calle me doy cuenta de que
viví en un error.- comenté.
Nuestro
camino continuó cuando de pronto sentí que alguien
nos observaba. Me detuve un rato para observar a mi alrededor.
De pronto sentí que la mirada provenía de un
estrecho callejón negro. Sin consultar a Sorjoaca empuñé
mi espada e iluminando el callejón con ella salió
un grupo de 5 tipos encapuchados con blasters en cada mano.
Poco pudimos hacer Sorjoaca y yo, pues al encarar a dos uno
de ellos me golpeó la espalda de tal manera que quedé
inconsciente. Ignoro como pudieron contra Sorjoaca, sin embargo
nos estuvimos un rato inconscientes.
Después
de un momento nos encontramos caminando esposados por una
calle más iluminada. El grupo de 5 que nos había
atacado era ya mas grande, ahora era toda una caravana la
que caminaba por la calle. Todos llevaban antorchas y machetes
en las manos. Otros llevaban solo blasters. Pero todos iban
encapuchados.
-¿Quiénes
son ustedes?- pregunté adolorido.
Pareciera que mi pregunta nunca recibiría respuesta.
Seguimos caminando en silencio, estábamos lejos de
los que guiaban la caravana. Ojalá hubiera tenido mis
poderes Jedi bien practicados, solo podía tratar de
ver quien tenía espada láser y tratar de escapar.
No poseíamos tanto tiempo, tenía que estar con
mi Maestro en la madrugada. Estuvimos caminando un muy buen
rato hasta que se detuvieron, nos metieron junto con otros
hombres esposados a un callejón un poco más
ancho que en el que nos atraparon. Parecía que no éramos
las únicas víctimas. Nos pararon en hileras.
De pronto observé a un tipo más alto que todos
los demás, al que se le acercaba uno de los hombres
que nos había atacado. Se estaba acercando.
-¿Sorjoaca?
¿Eres tú?- pregunto en idioma Wookie el tipo.
-¿Eres
tú Weeldbaca?- igualmente intrigado preguntó
Sorjoaca.
-Dios,
si eres tú. Qué maravilla. ¡Pronto! Quítenle
a este Wookie las esposas.-
-El
chico también viene conmigo- dijo mi amigo.
Después del fuerte abrazo entre los dos Wookies nos
contó Weeldbaca que ellos eran un grupo de seres no
humanos que huían de cada redada guiada por el Sith.
Claro está que ya sabíamos algo sobre lo sucedido.
Le pedí al Wookie que me entregaran mi espada.
-Han
sido tiempos difíciles Sorjoaca, creíamos que
estabas muerto-
-¿Murió
Senwoaca?-
-Sí,
así es. Ya sabes que era un Wookie muy orgulloso. Pero
murió defendiendo a tu familia amigo.-
-¿Ellos
murieron?-
-No,
se los llevaron junto con los otros, sólo quedo yo.
Tuve suerte al escaparme. Nunca creí que había
cientos como yo. No sólo nos atacan a nosotros los
Wookies, también hay de otras razas si te das cuenta.-
Sorjoaca
le explicó a su amigo que teníamos que estar
a la madrugada en un sitio para poder infiltrarnos en las
naves.
-Yo
puedo ayudarles a los Jedi con su disfraz, yo mismo los guiaré.-
dijo Weeldbaca –estas plantas irritan la piel de los
humanos, les crean unas ronchas muy grandes. Su efecto es
duradero mas no eterno. Creo que si se lo ponen en la cara
podrán deformársela para poder pasar como seres
no humanos. Ahora vayamos por el Maestro Jedi.-
Continuará...
Por
Jedi Padawan Ki’Ke.
|