Así
es, otro día amanecía, gracias a Dios fue Sábado,
porque tenía un poco mas de tiempo de seguir acostado.
De pronto recordé que no podía seguir acostado,
pues el día anterior había platicado con el
Ewok Koggi y mi Maestro Luas-Mun, tenía que avisar
a mis tíos sobre mi viaje a Coruscant. Caray, ¿cómo
se los iba a decir? ¿cómo tomaría mi
tía la noticia? ¿y mi tío me dejaría
partir por un tiempo indefinido a tan lejano planeta? Todo
era nuevo, nunca había tenido oportunidad de travesía
tan larga, estaba a la vez emocionado y preocupado. Preocupado
por lo dicho, pero emocionado porque al fin podría
tomar parte de una misión de mucha importancia y de
que conocería el Planeta Coruscant, la capital de todo
el Universo, moría de ganas por poder ir a ver en el
Consejo Jedi a los grandes maestros.
Mi
tío siempre me había protegido mucho desde el
trágico accidente de mis padres, lo quería mucho,
era una persona admirable que siempre luchaba por lograr lo
que buscaba y así sacarnos a mi tía y a mi adelante.
Me queda bien grabado en la cabeza el rechazo que sintió
al oir de mi tía que entraría a la Academia
Jedi, mis tíos discutieron mucho tiempo sobre aquello,
siempre que regresaba y quería platicarle algo a mi
tío sobre lo acontecido en la Academia me mostraba
su total desinterés, para él aquella elección
había sido una tontería, poco a poco lo fue
aceptando y hoy puedo decir que cuento tanto con su amor,
como con su apoyo dentro de todo lo que es la Academia Jedi,
sin embargo sabía que reaccionaría con molestia
al saber que tendría que irme.
Mi
tía en cambio también me quiere mucho, ha sido
una madre para mi y ese vínculo sin duda ha existido
de manera impresionante. Ella siempre luchó por meterme
dentro de la Academia Jedi, siempre hizo lo imposible por
lograr lo que ahora se está realizando. Una de las
cosas que empezaron a darle preocupación fue un suceso
que tuve con unos amigos. Ya sabes, un Viernes cualquiera
nos fuimos a una fiesta cuando unos tipos nos detuvieron en
medio del camino, la cosa terminó en que tuvimos que
usar nuestras espadas láser para protegernos. La cosa
es que me lastimaron con alguno de sus blasters el brazo y
mi tía sabía que estaría expuesto a todo
tipo de peligros. Por eso sabía que si me iba la dejaría
preocupadísima.
-¡Ki'Ke!
ya baja a desayunar....- gritaba mi tía desde la planta
baja.
Sabía
que ya tenía que ir pensando en cómo comentarles
a los dos el viaje forsozo a Coruscant. Créanme que
tuve que volver a sentarme, hablar con el espejo y practicar
inclusive el tono de voz con el que lo haría. ¿Les
suplicaría como si estuviera pidiendo salir a una fiesta
y regresar tarde? No, no era el mismo caso, para nada, esto
era sin duda muy diferente. No debía pensar en igualar
dos cosas tan distintas, era una forma de desmeritar mi trabajo.
Además era una misión secreta, debía
ser muy importante. Vaya, el nerviosísmo se apoderó
de mi ser y fue cuando me fui dirigiendo a la cocina dónde
me esperaban. ¿Cómo tomarían que perdería
clases por irme allá? Vaya, todo era tan complejo,
ya quería ver ese momento finalizado sin ninguna preocupación.
-¡Ki'ke,
hijo ya ven a comer! - Insistía mi tía.
-Ya
voy en camino tía, seguramente es algo sabrosísimo
por el olor, ¿cierto? - Preguntaba.
-Ay
Ki'ke, nunca se te va a cambiar ese enorme apetito que tienes
desde chiquito, anda, ya siéntate y cuéntame
cómo te fue ayer con ese grandioso Maestro Jedi. -
Sonriendo me preguntó.
Ya
era hora de platicarle, tenía que aprovechar.
Continuará...
Por Jedi Padawan Ki’Ke.
|