El humanoide comenzó
a hablar:
-Todos estamos condenados. Mas no iremos a parar a Kessel
como todos creen. El hombre de metal nos llevará a
un planeta de las Regiones Desconocidas.- terminó de
hablar y de pronto se ocultó ante la protección
del Wookie que llamó nuestra atención. Todos
los presos lo buscaban sin embargo al poco rato el misterioso
sujeto se quitó la vida y toda la celda empezó
a ser un enorme desorden una vez más.
-Ese Anzati tiene razón, estas naves no nos llevarán
a las prisiones- comentó una vez más de sorpresa
mi Maestro.
-¿Ya sabe a dónde nos dirigimos?- le pregunté.
-No, por el momento nuestro destino es desconocido mi joven
Padawan- susurró a mi oído.
-¿Y éste otro humano?- preguntó Kroarrth.
Así introduje a mi Maestro bajo el nombre de Luas,
un amigo que ayudó a Sorjoaca y a mí a atacar
a los guardias. Así fue como estuvimos a pesar del
ruido, platicando entre nosotros cuatro. Kroarrth nos platicaba
que había sido enviado por un gran jefe Wookie, que
de inmediato Sorjoaca reconoció bajo el nombre de Aticuk.
La misión de Kroarrth era la de encontrar a Atichigukkk,
el hijo de éste jefe Wookie.
-Aticuk es un gran guerrero, sin embargo su temperamento
explosivo ha llevado al pueblo de Kkkeller a varias guerras.-
nos explicó Sorjoaca.
Así continuando con su relato, Kroarrth dijo que el
joven Atichigukkk fue capturado en su nave, cuando éste
se dirigía a Coruscant.
Así por horas el ruido de la celda se iba volviendo
silencio, pues el viaje largo había hecho que los prisioneros
se cansaran. Algunos todavía gritaban, pero ya eran
contados quienes lo hacían.
-Ki’Ke, no debemos separarnos Sorjoaca, tú y
yo. Por lo menos hasta encontrar mi objetivo.- me dijo mi
Maestro.
-Así será, en la medida en la que podamos Luas.-
contesté.
Kroarrth le preguntó a Luas-Mun si tenía alguna
idea de lo que nos esperaba en aquel destino desconocido.
-Difícil de imaginar sin duda. Quizá nos utilicen
para construir algo.- contestó.
-¿Y las mujeres con niños?- siguió intrigado.
-Esa es la gran duda, por eso no aseguro nada.-
De pronto sentimos todos cómo la nave se paraba, el
viaje a velocidad luz había acabado, señal de
que nuestro destino estaba cerca. Unos cuantos minutos estuvimos
sin saber lo que sucedía, cuando de inmediato varios
guardias entraron con sus látigos y nos pidieron salir.
Todo se tardó demasiado, pues en la salida nos empezaron
a esposar, a las mujeres les quitaron sus hijos, era un drama
lo que estaba sucediendo. Muchos hombres pusieron resistencia,
sin embargo sólo retrazaron lo inevitable. Las largas
filas avanzaban por las puertas, sólo podía
ver cuando nos acercábamos, como un sol rojo pegaba
a los presos que salían son sus poderosos rayos de
luz.
-Definitivamente no sé que planeta sea Ki’Ke-
decía Luas-Mun.
Así seguimos avanzando y poco a poco nos acercábamos
a la puerta. Así de rápido me pusieron las esposas,
un brazalete en el brazo y pude salir de la nave. Era un planeta
rojo y rocoso, con un sol rojo. Las naves estaban una tras
otra en una enorme plaza, no podía observar edificios,
pues no había éstos. Sin embargo vi muchos guardias
a nuestro alrededor.
El aire de éste planeta era muy caliente. Tardaron
muchas horas en dejar salir a todos los presos que faltaban
por hacerlo.
Al final a todos nos pusieron en largas filas, las mujeres
por un lado, los niños por otro, y el mayor grupo,
los hombres, en las primeras, y dónde el mayor personal
de guardia estaba vigilando.
-Está por comenzar el reinado de Kadhar- gritó
un guardia y los demás gritaron con fuerza.
¿Qué significaba todo esto?
Continuará...
Por Jedi Padawan Ki’Ke. |