Kadhar, ese era el nombre
del misterioso mundo al que nos habían traído.
Y al estar en las Regiones Desconocidas era un planeta inexistente
para todos los archivos de Coruscant. Este mundo no existía
para ellos, pero todo parecía indicar que el planeta
estaba deshabitado.
-Equivocado estás mi joven Padawan- volvía
a susurrarme Luas-Mun.
Así mi Maestro se agachó y puso su oído
en la roja piedra del planeta. Todos los demás seguimos
caminando guiados y custodiados por los guardias.
-¡Hey! No retracen al grupo- y con su látigo
le pegó a mi Maestro uno de ellos.
Sin hacer ruido Luas-Mun volvió a levantarse y se
me acercó.
-Siento que en estas tierras ha habido grandes guerras- de
nuevo en voz baja me dijo.
Pero sin quererle preguntar más seguimos nuestro camino.
El calor era insoportable, a lo lejos veía como algunos
Gungans, porque había varios también, caían
rendidos en el suelo. A veces los guardias los obligaban a
levantarse, sin embargo éstos terminaron en el caliente
suelo de Kadhar. “Si no soportan éste camino
no merecen llegar” decían varios guardias. Y
es que el aire caliente, y la roca caliente hacían
el ambiente insoportable. Yo sentía que en este planeta
era difícil que existiera vida nativa, sin embargo
mi Maestro decía que sentía que grandes guerras
se habían librado. Todavía nos faltaba conocer
más sobre este mundo.
-Extraño las grandes sombras de Kashyyyk- decía
Kroarrth.
Y con razón lo decía, pues muchos de éstos
alienígenas no estaban acostumbrados a éste
clima. Ni yo mismo lo estaba, si acaso recordaba parte de
mi entrenamiento en el norte de México. Vaya que hacía
calor, mas no como el de este lugar. La marcha de todos los
presos empezó a ser mas pausada, todos estábamos
cansados. Los guardias por más que nos apuraban se
daban por vencidos al ver que el cansancio era general. Sin
embargo tuvimos que seguir caminando. Mientras seguíamos
me venía el recuerdo de la Ciudad de México,
vaya, allá también hacía calor, pero
cambiaría una tarde atorado en el Periférico
a seguir en este caminar.
-Wroawrrr- gritaba Sorjoaca.
-Tranquilo amigo seguro llegaremos a donde nos enviarán-
le decía para calmarlo.
Aunque sinceramente yo no veía ningún final.
Control, tener control de nosotros mismos era muy importante.
Recuerdo cuando el Maestro Yoda nos platicó de lo importante
que era aquello. “En el momento en que ya no puedan
controlarse, el Lado Oscuro ya los ha seducido” decía.
En aquellos días recuerdo que siempre me preguntaba
que hacíamos cuando estábamos enojados, o tristes.
¿Era difícil controlarse? Me preguntaba a mí
mismo.
-¡DETÉNGANSE!- gritaba uno de los guardias que
nos guiaba.
Así de pronto todos nos paramos. La pausa duró
dos horas, todos nos estuvimos sentados. Aunque en un cerrar
y abrir de ojos el piso donde estábamos empezó
a descender. ¿Qué estaba sucediendo?
-Ahora el verdadero mundo de Kadhar nos será mostrado-
decía uno de los presos.
Y tal parecía que sí, al ir descendiendo la
plataforma pude ver una ciudad subterránea, era maravillosa,
era gigantesca. No lo podía creer, nunca había
visto ciudad tan llena y grande, posiblemente era comparable
a la Ciudad de los Gungans en Naboo. Pero sólo si lo
que comparábamos era que ambas son ciudades escondidas
en las profundidades. Porque sin duda esta ciudad era más
grande. Así pasaron varios minutos hasta que la plataforma
llegó a su destino. Mis ojos brillaban de asombro junto
con los de los demás presos.
-Ahora son muchos hombres de metal- me dijo Kroarrth.
Y es que no sólo cientos, sino miles de soldados armados
y formados nos recibieron en la ciudad. Todos llevaban la
misma armadura que el primer hombre con casco que observamos.
A lo lejos pude observar varios hombres, eran cómo
nosotros los humanos, sólo que con piel azul y los
ojos rojos. El cabello era negro, nunca había visto
a alguno igual. Todos iban uniformados.
-No es posible que estuviéramos tan ciegos- decía
Luas-Mun.
-¿A qué se refiere Luas?- preguntaba intrigado.
-Planean una gran guerra chico- decía Sorjoaca también
silencioso y asombrado.
Continuará...
Por Jedi Padawan Ki’Ke. |