| La
noche caía sobre Yagad. Ya habíamos recorrido
junto a Enzac un buen tramo de la ciudad. En el camino estuvimos
atentos ante cualquier cosa, lo único que encontramos
fue una especie de ratón de aquellas tierras tan calientes.
Nuestro guía nos habló de las pocas posibilidades
que había sobre que los Kadherianos supieran que Kadhar
explotaría. Nos dijo que ellos han puesto mucha atención
últimamente a su ejército. Así que mi
razonamiento de que la movilización del ejército
obedecía a lo que sabían, era equivocada. Sin
embargo seguía temiendo por Coruscant, Alderaan y Corellia.
En ese rato llegamos a otro edificio, dónde Enzac nos
dijo que descansáramos, que podíamos acomodarnos
donde fuera, él mañana llegaría temprano
para continuar la búsqueda, esta vez con mayor rapidez.
Así que subimos Sorjoaca y yo al último piso,
dónde una bella terraza nos mostraba como el sol se
iba escondiendo para dar paso a la majestuosa luna Kadheriana.
-¿Extrañas
tu casa muchacho?- preguntó también observando
Sorjoaca.
Realmente no había pensado en eso, pero si extrañaba
a mis tíos. Extrañaba mi ciudad, extrañaba
mis compañeros de clase, extrañaba a mis compañeros
Padawan, extrañaba comer bien, extrañaba tantas
cosas. Pero como dije, realmente no me había puesto
a pensar. El ritmo de la misión que nos encargó
Koggi ha sido bastante acelerado, en sí era la primera
noche que podía descansar con cierta tranquilidad.
-Esta
luna me trae recuerdos amigo...- comenté.
Recuerdos buenos, pero uno muy amargo y que nunca olvidaré.
Todo fue una noche de luna llena, justo antes de navidad.
Aquella noche que estaba en casa de mis tíos. Mis padres
habían salido del país por una emergencia, y
regresarían esa noche para poder pasar todos la navidad.
Sin duda alguna mi época favorita del año. Pero
ese año la odié, ese año odié
todo, ese año pensé en que mi vida había
acabado, ese año murieron mis padres.
-Lo
siento mucho muchacho...- dijo Sorjoaca.
Y
sí, la verdad lo sentí muchísimo. Ahí
estaban las fotos de mis padres en mi cuarto, las cartas que
les escribía cuando salían por días e
inclusive semanas. Los buenos recuerdos que nunca olvidaré.
Una noche de enero salí a correr, pues me sentía
sumamente mal por el accidente de aquellos a quienes amé.
Corrí, corrí y corrí. Nunca había
corrido tanto hasta que llegué al Ángel de la
Independencia, estaba iluminado y nuevamente observé
al cielo, ahí estaba, ahí estaba la imponente
luna. Me dejé caer de rodillas y comencé a llorar,
los extrañaba mucho y sentía rabia. Quería
que estuvieran conmigo, o tan siquiera quería estar
con ellos...
-La
luna me trae tantos recuerdos amigo. No quiero que me traiga
otro recuerdo. Tenemos que encontrar a Luas-Mun.-
Era
un compromiso y ambos estábamos de acuerdo en no dejar
que el trío se separara. Debíamos hacer lo que
fuera para que la fuerza nos uniera una vez más. Pero
no todos los recuerdos eran malos, ahí estaba la noche
en la que conocí a mi Maestro, o aquella noche en la
que me enamoré. Pero lamentablemente el amor está
prohibido para un Jedi, algo que de verdad se me hacía
poco anticuado pero que debía respetar, pues amaba
la filosofía Jedi y daría lo que fuera por defender
su nombre.
-Pero
tú Sorjoaca, tú estás ahora tranquilo,
pues por suerte tu familia está segura y lejos del
temible y oscuro futuro que seguramente la habría tocado
vivir-
Y
Sorjoaca me mostró su sonrisa, la sonrisa de un Wookie
tranquilo, pero que todavía se había trazado
un compromiso, el de ayudarme.
-Te
lo agradezco de corazón amigo-
Así
transcurrió parte de la noche, dónde ya después
de estar en la terraza nos metimos para acostarnos de una
buena vez. Mañana estaba seguro de que sería
un día importante y todavía faltaban muchas
cosas por enfrentar. Este era el nuevo comienzo de algo que
se veía difícil.
-Pero
nos mantendremos juntos pase lo que pase...- esas palabras
de Sorjoaca antes de dormir me dejaron tranquilo.
Continuará...
Por
Jedi Padawan Ki’Ke. |