|
-Es
hora de irnos- dijo, de pronto entrando a nuestro cuarto,
Enzac.
Atrás
había quedado la noche de reflexión en Kadhar,
hoy amanecía un nuevo día y la búsqueda
por Luas-Mun continuaría. Sorjoaca se levantó
con rapidez, estaba conciente de que no podíamos perder
ni un solo minuto, la vida de mi Maestro podía estar
en peligro. Podía estarlo...
-Ayer
cuando regresé de dejarlos por acá, escuché
algunos pasos detrás de mí. Puede ser que alguien
nos estuviera siguiendo ayer.- dijo nuestro guía.
De
hecho yo había presentido algo semejante, pero no quise
alarmar a nadie, pensé que se podía tratar de
un animal. Pero cierto era que debíamos estar muy al
pendientes, no queríamos que un error nos costara la
vida. Yagad no era una ciudad segura, sus estado en ruinas
la volvía peligrosa y perfecta para un ataque sorpresa.
Así fuimos bajando poco a poco del edificio hasta salir
nuevamente a la avenida dónde caminamos la noche pasada.
Nuestro camino debía continuar, estábamos preparados
y entusiasmados en poder lograr nuestro objetivo.
-Hace
tiempo éstas calles solían estar llenas de gente.
Mucho movimiento, muchas risas...- así recordaba Enzac
a su querida ciudad de Yagad.
-¿Dónde
tienen planeado irse?- preguntó Sorjoaca tratando de
ver el destino de los sobrevivientes.
Enzac se quedó parado un momento, estaba pensando en
el futuro que les esperaba a los suyos.
-Lejos
de cualquier ejército, eso es seguro...-. Esa fue su
respuesta y nuestro camino continuó.
Así llegamos a una plaza que me recordaba al Zócalo
de la Ciudad de México. Entre tantos edificios sobresalía
un palacio destruido, sin duda aquella construcción
era una muestra de lo imponente que debió haber sido
la ciudad de Yagad. Enzac nos dijo que debíamos separarnos
para poder encontrar a mi Maestro, así que definimos
un tiempo límite para encontrarnos de nuevo en la plaza.
Sería justo al anochecer cuando nos veríamos
los tres.
-Iré
al norte, Enzac tu puedes ir al suroeste mientras que yo tomaré
el sureste.- organicé y nos fuimos.
Estaba al pendiente de cualquier movimiento que sucediera
en mi recorrido. El silencio en Yagad era sepulcral, volvía
a imaginarme las imágenes que Enzac había descrito,
la vida de una ciudad próspera, sin duda el calor de
la gente la ha de haber hecho grandiosa. Yagad no era una
ciudad chica, tampoco era un Distrito Federal, pero era una
ciudad grande, y entre ruinas lucía fantasmal. Cuán
cruel no ha de haber sido la guerra. Así seguí
un buen tramo hasta que sentí cansancio, pues el sol
estaba dejando caer con fuerza sus rayos. Busqué sombra
y me senté en unos escalones mientras seguía
al pendiente.
Poco a poco fui tomando sueño y decidí hacer
una pausa en mi búsqueda, hasta que me dormí,
pero me dormí un buen rato. Al despertar vi que ya
había atardecido, era momento de continuar sin duda.
Mientras, esperaba que le fuera bien a Kroarrth, pues seguramente
Atichigukkk no estaría contento con lo que hablamos
sobre persuadirlos de llevar a su pueblo a la guerra. Aticuk,
según palabras de muchos, estaba dispuesto a vengar
a su hijo. Pero también estaba el asunto de los terroristas
que se dirigían a Alderaan, Corellia y Coruscant. La
situación por allá no estaba menos tensa, la
situación era complicada y cada uno de nosotros tendría
un papel importantísimo. La cosa era evitar a toda
costa un conflicto de enormes magnitudes.
Así
volteando a ver de nuevo el cielo vi que unas enormes nubes
oscuras empezaban a ocultar el sol, era extraño, pero
no estaba acostumbrado al clima de Kadhar, así que
supuse que pronto vendría una tormenta. Debía
apurar el paso para seguir con mi búsqueda. Y así
lo hice, apuré mi paso y seguía sin encontrar
a mi Maestro, estaba dudando un poco sobre si las imágenes
que había visto tendrían que ver con mi Maestro.
Pero algo me decía que Darth Luther estaría
aquí. En ese momento sentí otro dolor de cabeza,
nuevos sonidos aparecieron en mi cabeza, entonces, entonces
sentí gran dolor.
-¡¡¡NO!!!-
eso fue lo que grité.
Alguien
había muerto, y no estaba seguro de quien, pero entonces
comenzó a caer la lluvia. El cielo se había
oscurecido y sabía que algo andaba mal. No estaba equivocado,
al fin conocería a Darth Luther...
Continuará...
Por
Jedi Padawan Ki’Ke. |