Era azul, era el mío...
 

Cuando caminaba comencé a sentir un movimiento, como un temblor, estaba acostumbrado a ellos, pues en la Ciudad de México son muy frecuentes, pero yo sabía que éste sería el comienzo de una serie de muchos. Y además estaban presagiando el final de Kadhar. Pero yo debía caminar, debía caminar hasta encontrar al Sith, o seguramente él me encontraría. La lluvia seguía, y las calles poco a poco se fueron llenando de agua, haciendo difícil todavía más su recorrido. No tenía tiempo de regresar por Sorjoaca, no quería que interviniera en la batalla que seguramente habríamos de librar Darth Luther y yo, no quería poner en peligro su vida. Pero pensándolo bien yo tampoco estaba preparado. Todavía recuerdo aquella vez que conocí a mi Maestro en el centro del DF. Estaba siendo vencido por tres simples ladrones, ¿entonces estaría preparado para enfrentarme con el Sith? Esos pensamientos me podían traicionar, pero me ubicaban de algún modo en la realidad a la que me enfrentaba, pero estaba seguro además de que no era yo a quien enfrentaría, Luas-Mun sería quien lo encararía. Eso es lo que vi... De todos modo creí ver muerto a alguien cuando sólo lo dañaron, de gravedad, pero no lo mataron. Era aquí dónde las palabras de Yoda cobraban fuerza, cuando sus palabras sobre el siempre cambiante futuro me llegaban a la cabeza. En ese momento sentí que alguien me estaba observando, volteé hacia uno de los edificios chicos que se encontraban a mi alrededor. Y entonces vi a alguien parado frente a él, estaba arriba de unos escalones. Me fui acercando con cuidado y aquella figura me habló.

-Al fin nos conocemos Padawan Ki’Ke- dijo con tono de voz frío.
Me quedé parado ahí y saqué mi espada láser. La empuñe lo más pronto posible.

-Calma muchacho, calma. Veo que será tu primer duelo. Todavía te falta aprender mucho.- y fue bajando uno a uno los escalones que nos separaban.
Su calma me atemorizaba, parecía que estaba seguro de lo que hacía. Conocía mi nombre y eso me dejaba algunas dudas. Aquel hombre estaba con su túnica negra y capucha. Se quedó quieto un rato. Y entonces siguió hablando:

-Yo puedo acabar tu entrenamiento. Luas-Mun tiene muchas cosas que hacer como te habrás dado cuenta.-

Yo quedaba inmóvil, sin decir ni una palabra. Mi espada en mano brillaba con todo y lluvia. Volvía a temblar entonces.

-Kadhar pronto estallará. Éstos malditos se salieron con la suya. Sin embargo nuestro contingente de suicidas está cada vez más cerca de su destino.-
Cuando dijo aquello me dispuse a verlo a la cara, no podía vérsela bien, pues la capucha lo impedía. Además la lluvia no ayudaba mucho que digamos.

-Pero considera mi oferta joven Jedi. Luas-Mun ciertamente es un Maestro joven, pero no tiene tiempo que darte. Yo puedo ofrecerte mucho tiempo, así como mucha enseñanza.- siguió diciendo.
Cada una de sus palabras eran mentiras que no estaba dispuesto a oír.

-¿Dónde está mi Maestro?- pregunté.
Darth Luther observaba a lo largo de la calle.- tal parece que no está aquí- y con una leve risa volvió a verme.

-Contesta mi pregunta.- insistí.
Avanzando así un paso hacia mí siguió hablando.

-Sé que serás un gran Jedi. Pero debes dejarme mostrarte cómo.-

-¡Contéstame!- y empuñando mi espada hacia él hice que retrocediera dos pasos.
Entonces se quitó su capucha oscura. Vi su cara entre la lluvia, parecía parecida. Como si ya lo conociera. Pero el Sith puso un semblante serio. Parecía que mi actitud no le agradaba.

-¿Y si no te contesto me matarás? No me hagas reír muchacho.- dijo esta vez de manera seca. –Todos ustedes como Jedi’s están condenados a morir. Ésta vez no podemos fallar en nuestra táctica, Jedi Padawan Ki’Ke-
Seguía sin saber cómo sabía aquél hombre mi nombre, un poco confundido también por lo que decía sobre mí. Como si me conociera.

-Pero veo que te has vuelto obstinado, rechazas lo que te ofrezco con tanta amabilidad. Ahora sufrirás el destino de tu Maestro Jedi.- y en ese momento sacó su espada láser.
Y como si todo estuviera unido entre sí, un temblor mas fuerte sacudió con fuerza el lugar dónde nos encontrábamos. En eso hubo una explosión en el edificio trasero. A pesar de eso Darth Luther y yo nos mantuvimos parados, nunca nos quitamos las miradas. Sus palabras trataban de intimidarme. No lo lograrían. No creía en lo que decía sobre mi Maestro. Y entonces nuestras espadas chocaron.

-Tú serás el siguiente...- me dijo.
Esas eran las imágenes que vi. Ahora recordaba que el sable de luz que había visto no era color verde como el de mi Maestro, era azul, era el mío...

Continuará...

Por Jedi Padawan Ki’Ke.

 
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