¡Gracias!
 

Volvía a abrir los ojos, ahora me encontraba en un cuarto blanco, estaba acostado y un robot médico se encontraba junto a mí. El brazo sin mano estaba vendado, mi pierna lastimada de igual manera. Estaba seguro de que no estaba en la pequeña nave en la que huimos de Kadhar. En ese momento alguien entró a mi cuarto, era Antac.

-Bienvenido a nuestra nave joven Ki’Ke- dijo aquel Yagadiano.
Así estaba confirmado que no me encontraba en la pequeña nave. Y Antac me explicó que después de la explosión de Kadhar, y mientras dormía, muchas de las naves que habían huido se reunieron, y la pequeña nave que nos había ayudado se les había unido.

-En cualquier momento viene tu amigo Luas-Mun, nos pidió que saliéramos de la zona de Kadhar, para que pudiera contactar a su gente.-
Le pregunté entonces a Antac si Enzac estaba bien, él sólo atinó en agradecerme la ayuda. Enzac estaba vivo y esperando que cuando se recuperara pudiera venir a verme. Eso me dejó contento. En ese momento se nos unió en el cuarto mi amigo Wookie. Sorjoaca lucía también con una venda en su hombro.

-Qué alegría verte bien muchacho, te dije que todo saldría bien.- y se sentó del otro lado de mi cama.
Platicando un poco le pregunté a Antac si todos los suyos habían podido escapar, me dijo que así había sido. Que por fortuna habían preparado bien las naves, las habían reparado y estaban listas para cualquier travesía. No importaba cuan larga esta fuera. Sorjoaca les preguntó si tenían algún rumbo fijado, y Antac contestó diciendo que irían a uno de los sistemas vecinos de donde se encontraba Kadhar. Ahí sabían con seguridad que podrían comenzar un nuevo ciclo de vida. Estaban dispuestos a comenzar de nuevo. Además los Kadherianos ya no les eran un problema. Con esto y la sonrisa de Antac, me quedaba más que claro, que los Yagadianos podrían volver a surgir, su pueblo se lo merecía, y los pocos sobrevivientes pondrían en alto nuevamente su nombre. En honor a los caídos dijo Antac. La puerta de mi cuarto volvió a abrirse...

-¡Maestro!- y buscando incorporarme le llamé efusivamente a Luas-Mun, que ya había entrado al cuarto.

-No te levantes joven Padawan. Trata de descansar, merecido lo tienes.- y con una sonrisa buscó asiento junto a Sorjoaca.
Le pregunté rápidamente sobre si había o no tenido contacto con Koggi, quería saber si las naves Kadherianas con prisioneros seguían su curso a Coruscant, Corellia y Alderaan. Luas-Mun me dijo que naves Wookie, comandadas por Kroarrth y Atichigukkk, las habían interceptado. Que los prisioneros volverían a sus hogares y los Kadherianos atrapados habían sido enviados secretamente a Kessel por órdenes del Jefe Wookie Aticuk, el Senador Wookie y Koggi en mutuo acuerdo. No debía revelarse por seguridad de los sobrevivientes Yagadianos, lo que en éstas zonas había ocurrido. Y yo estaba completamente de acuerdo con esto.

-Pero debo agradecerte el enorme esfuerzo que demostraste en Kadhar mi joven Padawan.- dijo mi Maestro.
Así, y sin querer desmotivar a mi Maestro le pregunté por qué sabía él sobre la muerte de mis padres. Si Luther los había matado, y si éste también era hermano suyo.

-Recuerdas que hace tiempo te dije que había sido engañado por el que menos esperaba. Pues ese fue mi hermano Fusk-Mun, quien asesinó también a mi hermana Misc-Mun..., tu madre.- y mirándome a los ojos y tomándome un brazo terminó.
-¿Entonces? ¿Usted...?- no tenía palabras, no sabía que decir.

-Efectivamente Ki’Ke, yo soy tu tío. Y Darth Luther también lo es, sólo que se dejó llevar por el Lado Oscuro. Se dejó seducir.-
En realidad lo que me decía Luas-Mun encajaba perfectamente con muchas de las cosas que yo sabía, pero no podía estar mas que asombrado. Y quizá algo aturdido, pues había matado a mi propio tío.

-¿Darth Luther o Fusk-Mun no sabía que yo era su sobrino?- quise preguntar.

-El que murió allá en Kadhar no era tu tío ni mi hermano Fusk-Mun, era Darth Luther, pues el Lado Oscuro ya lo había dejado ciego. Nada podía regresarlo a su estado normal, sólo tú pudiste lograrlo al acabar con Darth Luther Ki’Ke.- eso fue lo que Luas-Mun me dijo.
Yo seguía pensativo, pero lo que decía Luas-Mun era cierto, el mismo Maestro Yoda me había hablado de ese tipo de gente. Estaba entonces tranquilo.

-¡Gracias! ¡Gracias por lo que hiciste Ki’Ke, mi joven Padawan, sobrino...- y con su mano sobre mi hombro me hizo saber que lo que había hecho había sido lo correcto.
Quizá haya sido lo correcto, pero en tan poco tiempo me enteré de tantas cosas que les pedí a los que estaban en mi cuarto, que me dejaran pensar, necesitaba un espacio a solas. Necesitaba pensarlo, pues lo que había hecho nunca lo había vivido antes.
Pasaron así varios días, en ese tiempo hablé con Enzac, quien lucía en perfecto estado, y ya había llegado el día en que debía volver, Sorjoaca y Luas-Mun volverían a Coruscant, pero primero me dejarían en la Tierra. La despedida de Antac, Enzac y los demás fue emotiva, la pequeña nave, que necesitaba reparaciones, pues la explosión de Kadhar no había sido poca cosa, ya lucía mejor y estaba lista para el largo viaje a la velocidad de la luz. Los tres tomamos nuestros asientos y el viaje comenzó...

Continuará...

Por Jedi Padawan Ki’Ke.

 
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