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Estábamos
en ese momento en la órbita terrestre, el largo viaje
a velocidad luz había llegado a su fin. Ya estaba en
casa, sólo era cosa de aterrizar. Entonces yo tomé
el mando y emprendí el viaje para aterrizar, pues mi
idea era llegar a las afueras de la Ciudad de México,
específicamente en alguno de los terrenos de la Delegación
de Milpa Alta al sur de la ciudad. La nave fue encontrando
terreno y pronto tocó tierra.
-Listo,
ya llegamos.- dije felizmente, pues ya habían sido
varios días de mi partida de la Tierra.
Tomé entonces algunas cosas que la gente de Antac me
había obsequiado, ahora ya con mi mano mecánica
pude ayudarme y llevar el gran número de cosas que
cargaría hasta mi casa. Sorjoaca y Luas-Mun bajaron
a ayudarme.
-Es
aquí dónde nos despedimos.- y con un abrazo
fuerte me levantó del piso mi amigo Wookie.
Extrañaría mucho a Sorjoaca, la forma en la
que lo conocí fue deseo de la Fuerza sin duda alguna.
En su cara veía las ganas que tenía de reunirse
ya en paz con su familia. Él había sufrido mucho
y ya merecía descanso, así que le respondí
con un fuerte abrazo.
-Yo
también te extrañaré amigo, y ojalá
nos veamos en un futuro.- le dije.
Después de eso vi a Luas-Mun, ahí estaba mi
tío, mi Maestro y mi amigo. Siempre tan tranquilo.
-Cuídate
mucho Ki’Ke, es posible que no nos veamos en mucho tiempo,
es posible.- y me dio un apretón fuerte de manos. Así
continuó: -Lo que hiciste te vuelve un gran Padawan
Jedi, sé que te convertirás en un gran Caballero
Jedi, sólo ten paciencia y que tus emociones no te
guíen siempre.-
Le miré y agradecí de nuevo todo lo que había
hecho por mí.
-No,
yo tengo que agradecerte.- y poniendo un pie junto con Sorjoaca
en la nave, dijo: -Recuerda que cuando confíes en ti
mismo todo saldrá bien.- diciendo esto sacó
algo en una bolsa y me lo dio.
–Que
la Fuerza te acompañe..., siempre.- así terminó
y ambos se subieron a la nave.
La compuerta se cerró y los motores empezaron a escucharse,
ya estaban a punto de irse y la nave despegó. Sólo
atiné a voltear a verla en el cielo, su camino volvía
a comenzar, regresarían a Coruscant. Yo regresaría
a mi casa.
El camino con el siempre quemante sol de la Ciudad de México
fue algo tedioso, las mochilas que cargaba hacían mi
viaje algo pesado, pero tenía que seguir, pues la carretera
estaba cerca y era ahí donde tendría que tomar
el microbús de toda la vida. Por suerte llegué
pronto y el microbús venía prácticamente
vació. Eso me dio un respiro y pude sentarme. El viaje
no duró mucho, tuve que tomar otro pesero, y otro,
y otro, así hasta que tomé el último,
el que me dejaba a una cuadra de mi casa. Lo de siempre sucedía,
el microbusero con su música en alto, la gente que
no cabía trataba de meterse a empujones y todo con
el tráfico característico de nuestra ciudad.
Pero vaya, vaya que la extrañaba, no la cambiaría
ni por la Ciudad-Planeta de Coruscant. Era simplemente mi
ciudad... En el camino recordé la bolsa que me había
dado Luas-Mun, pero no la abriría hasta que llegara
mi parada.
Cuando llegó el momento de bajarme tardé un
poco por la cantidad de cosas que cargaba, pero terminé
bajando y continué mi camino a pié, ya sólo
era una cuadra la que me separaba de casa de mis tíos.
Pero entonces abrí la bolsa, la bolsa que Luas-Mun
me entregó. La abrí y mi sorpresa fue encontrar
su espada láser, sin duda un detalle que agradecía
de corazón. La agarré y prendí una vez
más, la moví y recordé la vez que aquella
espada me salvó la vida el día en que lo conocí.
Era un honor guardar aquella espada.
Así, continué mi camino, cuando las nubes empezaron
a tapar el sol, a unos cuantos metros de mi casa y con tantos
recuerdos. Sin duda todo lo que había vivido no lo
olvidaría tan fácilmente. El viaje del Jedi
había acabado...
FIN
Por
Jedi Padawan Ki’Ke. |